Mi jueza
Por ir con prisa otra vez pateé la mesa de mármol con todas las tacitas y cucharas y sonó y tembló todo, y pareció que se rompía. Y, como si se hubiera roto, desde su sillón sentada menea la cabeza y aprieta los labios La Señora , que me juzga: niña insufrible e imperdonable . Y yo mejor ya no me muevo, no la desmiento Y no le digo Que me siento sofocada Y que me ahoga su mirada Que soy torpe y que aunque quiera Me tropiezo. Y más coraje Que cada vez que rompo algo, La conjuro. Y me juzgo y me convierto irremediable en La Señora Y me repito en voz bajita sin levantar los ojos de la mesa: niña insufrible e imperdonable.