Mi jueza
Por ir con prisa otra vez
pateé la mesa de mármol
con todas las tacitas y cucharas
y sonó y tembló todo,
y pareció que se rompía.
Y, como si se hubiera roto,
desde su sillón sentada
menea la cabeza y aprieta los labios
La Señora, que me juzga:
niña insufrible e imperdonable.
Y yo mejor ya no me muevo,
no la desmiento
Y no le digo
Que me siento sofocada
Y que me ahoga su mirada
Que soy torpe y que aunque quiera
Me tropiezo.
Y más coraje
Que cada vez que rompo algo,
La conjuro.
Y me juzgo y me convierto irremediable
en La Señora
Y me repito en voz bajita
sin levantar los ojos de la mesa:
niña insufrible e imperdonable.
Comentarios
Publicar un comentario