God gave me you.
Ni siquiera sé si pueda terminar de escribir esto sin llorar. Ya siento el nudo en la garganta de tan solo pensar en tu preciosa sonrisa y en todo lo que estoy a punto de escribir.
Me dio curiosidad entrar a ver mi blog, el que nunca le he mostrado a nadie a propósito, por lo menos a nadie de quien haya escrito. Me di cuenta de lo mucho que te buscaba. De mis estándares tan bajos, de lo mucho que me conformaba con la idea de que alguien me quisiera de verdad, y de lo poco que eso realmente ocurría. En una de ellas incluso dije "sé que no existen los príncipes azules y debo dejar de buscarlos", y qué equivocada y ciega estaba. Qué lastimada, qué anhelo tenía de ti.
Siempre soy muy rara cuando me gusta alguien porque mientras estoy bien no sale ninguna canción, ningún verso, quizá por ahí algún poema o carta pero casi siempre cuando lo termino sé que no está bien. Incluso esto que voy escribiendo siento que no tiene ni pies ni cabeza, sé que voy a divagar y que al final todo lo que siento se va a quedar en el nudo de la garganta y que esto no va a describir ni tantito todo lo que quiero decir.
Voy a empezar por decirte las cosas que siento por ti, Amor.
Siento un anhelo de estar contigo que me consume el cuerpo por dentro, me arde el estómago, se me apachurran los pulmones, me tiemblan las rodillas, se me acelera y entorpece el corazón, y mis ojos no pueden con tantas lágrimas que salen simplemente con pensar en ti, en lo que eres, en verte, en ser tuya.
Siento un gozo indescriptible todo el tiempo, sobre todo cuando apareces en mi mente o en mi vida de alguna manera. Gozo, gozo de los segundos que paso contigo, de saber que ya despertaste, de escuchar tu voz. Gozo de abrazarte, de cada roce de nuestros labios, de cada vez que termina un beso y puedo ver tu cara. Es un gozo constante, que me lleva a morderme los labios y querer gritar de alegría y satisfacción. Gozo de imaginarme el futuro contigo, de pensar en verte graduado, en tomar vino el día que te asciendan en el trabajo, en la primera vez que viajemos juntos, en el día que adoptemos nuestro primer perrito y en ver la luz en tus ojos cuando me digas ¿este?, emocionadísimo, esperando que te diga que sí y a punto de estallar de amor. Nunca tanto gozo, nunca tan real.
Siento la paz más maravillosa que existe, la de saber que no estoy sola. La de saber que cada vez que esté triste vas a estar ahí, que ni un ataque de pánico puede borrar lo que siento cuando me tomas de la mano. La paz que has traído a mi vida no la puedo comparar con ningún momento antes de los 13, antes de dejar de ser niña. Me siento protegida, amada, esperada. Me siento bien, me siento plena. Dios dijo que sí, amor, y eso para mí no tiene comparación.
Siento unas ganas gigantes de conocerte, de entenderte, de amar cada maña, cada guiño, cada risa. Se me llena el corazón de ternura cada vez que descubro algo nuevo, una nueva mirada, un nuevo sueño, una nueva cicatriz. Ganas de que me conozcas, de dejarte ver todo lo bonito que me plantó Dios en el corazón, de compartirte todos mis talentos y multiplicarlos contigo. De que veas toda mi basura y me ayudes a tirarla, a dejarla, a olvidarla. De vivir para siempre aprendiendo sobre Sebastian, mi príncipe azul.
Siento amor por ti, mi vida. Amor, de verdad. Es amor, del que hablan en las películas, del de una vez en la vida, del de para siempre. Amor del que busqué en todos lados, y jamás encontré. Del que veo en mis papás. Del que se quiere entregar, del que no lo pensaría dos veces. Amor del que significa lavar los pies del otro, amor que espera, perdona, acepta, abraza, desea el bien y trae consigo más amor, del que consume las heridas y las sana, del que limpia el alma. Amor como el de aquel que nos amó, del que realmente nos hace compartir con Él la cruz, la Gloria, el Cielo en la tierra.
Hasta ti comprendí la palabra "amante". En todos los sentidos, eres mi amante, mi amigo, mi sueño, mi paz, mi niño, mi novio y mi futuro.
Espero que algún día puedas comprender la dimensión del vacío que llenaste con tus manos, con tus caricias, tu paciencia, tu comprensión, tu amor. Me haces tanto bien, tanto
mi vida, que se me ha olvidado porque ya ni siquiera me acordaba del mal que tenía.
Por eso hoy, a pesar de que no te he visto solo en 24 horas y solo hemos dejado de hablar como 7 horas estoy sola en mi casa "haciendo tarea", no puedo dejar de pensar en ti. Estás en todos lados, estás en mi casa, en un vaso de agua, en la música, en la tarea. Estás en tu ausencia que me parte el corazón, y estás en la promesa de verte el Domingo.
Te amo, babe, te voy a amar para siempre y te aseguro que absolutamente todo lo que he escrito en este blog o donde sea no se compara ni un segundo con lo que sentí al estar escribiendo esto y tener que hacer una pausa para dejar de llorar y seguir escribiendo. De alguna manera estás aquí y yo estoy ahí y la misma noche nos recuerda lo bendecidos y amados que somos por Dios, y lo perfecto que es esto que tenemos aquí, y lo increíble que va a ser tenerlo para siempre.
Me das hambre de infinito,
Mariana.
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